De lo sucedido en la noche de ayer a uno de nuestros redactores
Y yo que pensaba que era el efecto del alcohol. Como podrán imaginar, esto de bloguear un día sí y otro también con un par de anormales, tan anormales como uno mismo, genera un stress que casi se convierte en escuatro. Así que cada noche recurro a un pequeño truco que me permite conciliar el sueño. Cuando no puedo dormir, cuando el insomnio no me permite descansar, yo salgo a la calle con mis zapatillas y, si acaso, con el pantalón del pijama y me mezclo con los chavales del botellón.
No sé si será la diferencia de edad, o mi verborrea irreductible, la cosa es que acaban dándome de beber para que me calle o me cambie de pandilla, por lo que matemáticamente, a las dos horas ya comienzo a tener problemas de estabilidad, momento que suelo aprovechar para acostarme y dormir a pierna suelta (es posible que algún malintencionado relacione esta práctica con mi tendencia a retrasarme por las mañanas, pero eso sólo son ganas de joder).
Bueno, que me pierdo, anoche, a eso de las doce y poco intenté llegar hasta mi cama, y cuándo me encontraba a punto de dormir, un terrible movimiento me hizo abrir los ojos. Mi mujer, abrazada a mi decía: "¿lo has notado, lo has notado?". "No lo voy a notar, so guarra, si del peo que te has tirado se ha movido hasta la cama". Me cruzó la cara y de la leche que me dió se me quitó hasta el sueño. Y hasta esta mañana, en la SER, no he comprendido la razón de tan magna hostia.