O de cómo, en este país, siempre hacemos mal las cuentas
Una de dos, o no somos serios haciendo las cuentas, o si lo somos, luego resultamos unos desastres a la hora de ejecutar los proyectos. Podemos entender, como en las obras caseras que la cosa se encarezca un poco por las poyás: "Po yá que estamos, tiramos el tabique" o, en este caso, "Po yá que estamos alicatamos el suelo de la planta".
Pero, desde luego, no es de recibo una variación tan importante y, ni mucho manos, es de recibo que haya una desviación de ese calibre y que el responsable de la gestión de los fondos no asista al Parlamento a explicar qué ha pasado. Y es que a veces no sería necesario que hubiera muertos encima de la mesa para que se pidieran explicaciones.
Y, también, a veces, saber que a uno le pueden sacar los colores en un momento dado, es buena medicina. Más información, más responsabilidad, más gestión.