Al fin un político con principios recibe el homenaje de la capital
Desde hace unos días se puede ver a Nicolás Salmerón paseando por la ciudad de Almería. Lleva una levita, le falta el eterno sombrero y tiene un libro en la mano. Va caminando con zancada amplia, tal que parece que acabara de firmar su dimisión como presidente de la República. Por principios. ¡Qué palabra tan rara en nuestros días!
Ahora, los ciudadanos deberían ser respetuosos y evitar ponerle colillas en la oreja o en la boca, o procurar que ningún energúmeno deje su firma como ejemplo palpable de la ignorancia y la desculturización.
Por último, queremos lanzar la propuesta de que en la próxima celebración de la República, se aproveche para hacer un homenaje floral a la estatua.
Qué tenga un buen día, Don Nicolás.